Mis disculpas…
Uno de los pocos modos de comprender a una victima la violencia de género, desgraciadamente, es haberla vivido de algún modo o desde alguna perspectiva o posición, una simple reflexión a la que llego después de ver la carencia de empatía de muchas de las mujeres que se encuentran a mi alrededor.
Vemos todos los días en la televisión noticias, una asesinada, otra asesinada, otra mas…y escuchamos comentarios tipo ‘pobre…que hijo de puta…hay mas cada día…’ y realmente, la mayoría, no son apenas conscientes de lo que están viendo y diciendo….De pronto un día, esto mismo le ocurre a alguien muy cercano, pero con la diferencia de que una no acaba muerta, circunstancialmente y fruto de no se si es suerte, logra escapar en ese mismo instante, 5 minutos mas tarde de ser amenazada con un arma, y lo denuncia, juicio rápido, orden de alejamiento, miedo, dolor e incertidumbre. Todo ello seguido de desconfianza, más miedo, trauma y un poco de ostracismo por parte de personas que, sin tener absolutamente ningún conocimiento de su historia y de su sufrimiento, se imaginan otra historia que nada tuvo que ver con la real. Y es que todos ellos, se preguntan: ¿por que llegó a eso? ¿no lo viste venir? ¿no desconfiabas de que podía llegar a agredirte físicamente viendo el modo en el que llevaba la relación? PUES NO, no te lo imaginas, es muy simple, pero para la mayoría de las personas que no han tenido la ‘desgracia’ de vivir la violencia de genero en su cuerpo es mas que complicado, y no dejan de pensar en ‘por ques’ que ningún sentido tienen desde ese planteamiento.
Una mujer, en el momento en el que es agredida físicamente, ‘ya no es mujer’ (supongo que comprendéis el sentido al que me refiero), pero es que YA NO ES PERSONA, lo ha dejado de ser posiblemente hace un tiempo, un tiempo en el que ha pasado a ser una sombra, un fantasma, una proyección de lo que su pareja maltratadora quería que fuese. Y es ahí, en ese preciso momento, cuando tú misma crees que tu vida no vale nada, y tu propio criterio ha desaparecido de tu mente para hacerle el sitio al de él asumiéndolo tú como tuyo, el momento de la agresión física, que no es mas que la culminación, el remate, la ‘guinda’, el clímax del maltrato, el final, su máxima expresión, que es ‘realizada’ después del trabajo previo…, sucede cuando el maltratador, en alguna parte de esa mente misógina y machista, considera que es lógico y normal, que además es justo y además, piensa que no te va a extrañar ni que vas a responder de algún modo.
Que decir cabe, que ese maltratador, del que una inocentemente se enamora (no, no lo aparentan, ni lo mas mínimo, de hecho suelen ser ’socialmente correctos’ muchos de ellos) se aprovecha de ese sentimiento o emoción que una le transmite y lo transforma, poco a poco, minuciosa y lentamente, en dependencia, y de la dependencia, a la desaparición de criterio, y…el resto, ya es conocido.
Y esta es mi visión, yo lo he vivido, y hoy en día vivo sus consecuencias, cada día algo me sorprende, una mirada, un comentario, un gesto, y siempre con esa sensación de tener que estar explicándome, incluso excusándome por haber sido victima y ‘no morir en el intento’. Y, lo que más me duele y me frustra es cuando esas actitudes vienen de mujeres, demostrándome cada día la necesidad de herramientas que ayuden a la sociedad y sobre todo a las mujeres, a la comprensión de esta problemática y de su gravedad, sin eso, no hay nada, absolutamente nada. Por supuesto que hay mujeres y hombres que lo entienden perfectamente, no muestran indiferencia y luchan contra ello con todo su potencial (como las personas que han llevado a cabo esta iniciativa) , y, poco a poco, van consiguiendo que cada día personas se vayan dando cuenta de la realidad del problema.
Posiblemente muchas mujeres tengan otras opiniones diferentes, esta no deja de ser la mía, fruto de una reflexión personal, que a su vez, es fruto de una experiencia también personal, pero, eso si, he de decir que esto me ha dado mas fuerzas para luchar en contra de la violencia machista; en esto, no considero que ‘no haya mal que por bien no venga’ porque en este contexto sería una atrocidad afirmarlo, pero sí me ayuda a entender mejor el problema, y, sobre todo, a comprender la necesidad de la lucha de mujeres por acabar con la violencia de genero y demás agresiones que venimos sufriendo desde los orígenes de esta sociedad, de la sociedad patriarcal.